Salud Publica

Salud pide no tomar frente a los hijos: Desde los 14 años, paraguayos comienzan a beber alcohol

Cartera Sanitaria alerta aumento de consumo de crack y marihuana

A temprana edad se produce la iniciación del consumo de alcohol, socialmente por influencia de una persona cercana, ya sea por el ejemplo del padre o la madre de familia que consume, porque un primo “lo invita a probar”, o por impulso personal. De acuerdo a datos de la Dirección de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud, la mitad de las personas que inician a temprana edad el consumo del alcohol, acentúa su hábito a los quince años. Un fragmento de este grupo, a su vez, consume en forma nociva. Por esto, la cartera sanitaria recomienda evitar las ocasiones de iniciación, disminuir la ingesta de bebidas alcohólicas frente a los hijos o en su defecto dejar este mal hábito de lado y retomar una vida saludable.

El consumo de alcohol a largo plazo produce enfermedades que son problemas de salud pública para nuestro país como las cardiovasculares, que son las primeras causas de muertes y varios tipos de cánceres. Además, produce trastornos de la conducta que afecta a terceros, indicó la cartera sanitaria en un informe.

El consumo de bebidas alcohólicas también es un factor que genera accidentes de tránsito, principalmente en la franja de edad comprendida entre los 14 y los 40 años; una población muy joven que está en una edad económicamente productiva.

De igual manera, el consumo de crack se encuentra en franco crecimiento y se ha convertido como la más asequible para los adictos a las drogas. Es bien sabido que el alcohol y el tabaco están catalogados como drogas de inicio y posteriormente las personas pasan a consumir marihuana, dentro del rango de las drogas ilegales, hasta llegar al crack, cocaína y otros, destaca el informe del ministerio.

Los niños cada vez más pequeños están ingresando a la franja de consumidores, sin embargo los más afectados se encuentran 15 y 25 años.

Algunos efectos del crack son: estrechamiento de vasos sanguíneos, incremento del ritmo respiratorio, hiperestimulación, comportamiento extraño, errático o violento; irritabilidad, alucinaciones táctiles que crean la ilusión de insectos desplazándose bajo la piel; euforia intensa, paranoia, depresión, pánico y psicosis, convulsiones, ataques y muerte repentina por dosis altas (incluso por una sola vez).

 

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